PESENTACIÒN DE LA OBRA DE ÑAÑAKE POR LELIS REBOLLEDO HERRERA
ÑAÑAKE: PINTURA Y ETNICIDAD PALPITANTE
La pintura símbolo mayor de un
pueblo, es el lugar imaginario de todos los artistas que llevan en sí una
entraña innovadora ,ahí donde el tiempo y la vida se extienden y se congregan
bajo el color de una misma mirada y de un trabajo creador en nativo romance, el
que pertenece axiológicamente al espíritu de una época ,de esta época convulsa
y contradictoria que hasta hoy anda en busca de flameantes mitos futuristas,
mitos que ennoblezcan la existencia y el placer de nuestros sueños, porque
contemplar la obra de Ñañake es adentrarse en el nacimiento de la epifanía
aborigen ,es acceder a un rito de imágenes esenciales que son los rostros de
una cultura que se transforma en el lienzo y que en el artista lambayecano Sican
Moche se convierte en una visión panorámica que reconoce los espacios y
vivencias, que son amplificados en la visión pictórica de Ñañake, aquella
visión que recorre los periplos de un alma que va descifrando y sumergiéndose
en el enigma de las entes y de este tiempo que nos acorrala como la mutación de
un arte que se mira a sí mismo, hacia la memoria visual de un pueblo que
resiste en sus valores y riquezas ,graficadas
en este encendido universo estético, el de los meandros interiores de un
artista que resurge en cada una de sus obras, como una fantasía de la
imaginación reproductora, la de un Ñañake en concepción permanente de su arte,
aquí en esta densidad de la historia nuestra, donde el derroche de color es un
placer que refuerza las creencias y las obsesiones de un artista que interpreta
el mundo antiguo y atávico desde una
perspectiva estética propulsora , la que
patentiza todo el simbolismo de una composición autoctonista, donde
todos los recursos del artista confluyen como una comunión de la historia y de
un renovado vislumbramiento, intenso, vibrante y vital, que sólo la dinámica de
un creador apasionado y desmedido puede lograr , esa originalidad terrestre de
los espíritus o apus siderales que transitan por Ñañake , focalizando su arte en el mundo costeño
andino. Espíritu Sican Moche Chimú Tallán que el estima sacramente con el
idioma cósmico de los colores híbridos de toda esta nuestra nostálgica
cultura americana ,aquella que se revitaliza en cada uno de sus cuadros,
como un realismo mágico en toda su plenitud expresiva ,para dar siempre a luz,
epopéyicas épicas y magnas obras que son el testimonio de su libertad
cabalgante y de la capacidad creadora
inagotable de un Ñañake que navega por los cauces de una evolución
gravitantemente madura, porque se va depurando paulatinamente de todo lo
anecdótico y ornamental , para ingresar al reino de la luminosidad flagrante,
porque Ñañake es uno de los casos más notables de la pintura en este norte, un
ingente remozador de todas estas fuentes, para acoger lo primitivo y lo
terrígeno como esencia perdurable de la contemporaneidad en esta magnitud
simbólica ,porque Ñañake ha construido todos los pilares de su obra con el
predominio de los grandes contrastes y como una travesía hacia el fondo de los orígenes, nada de costumbrismos
superficiales y baladíes que hoy
abundan, nada de concesiones al
mercantilismo , el artista consiente de
su oficio le arranca la belleza testimonial a todo su entorno y a sí mismo, se desgarra en los encuentros con las
grandes dimensiones de la creación, el conoce la sabiduría ancestrígena de su pueblo y la plasma con el barro y las
raíces de su ser inmerso en todos los horizontes, porque Ñañake pertenece a esta estirpe de los
tótems y de las parcialidades, de los
que buscan su linaje en la pintura, como los chamanes y los curanderos de este esotérico soñar ,de los Ai Apaec Naylams Tacaynamus ,como de estas
formas abigarradas como frisos precolombinos, como ese transmutar de los
idiomas cromáticos inspiradores de su obra, que se juntan y se simbiotizan con
cada día de este sol erótico hiperenergético, refocilándose en esta infinidad
de imágenes ,que hoy toman su mayor impulso como el brillo esplendente de este
firmamento de Ñañake, rostros míticos quiméricos oníricos vernaculares
idílicos, rostros que son como unos frondosos espíritus que batallan dentro de
estas visiones, los que se mezclan armoniosos para despertar bucólicamente ante
estos lienzos y cuadros que nos incitan
a la rebelión de los dioses escondidos y
furtivos. Donde el pintor Ñañake experimenta con audacia milenaria este
manantial de imágenes y de complejos mundos y universos, reveladores de una
incólume cosmovisión moche ,la que hurga desde sus laberintos y dédalos y desde
las entrañas de su pueblo, así Ñañake con su fantasía cósmica lunar y con su fantasía
etnográfica se convierte no sólo en un prolífico pintor sino en un pintor
visionario que avizora en lontananza la resurrección de nuestra cultura,
fundando nuevas naturalezas en toda su convocante pintura,
quizá el encarne la corriente pictórica más importante de estos tiempos y
también en este contexto, donde se anuncian y se revelan los grandes avances de
un gran movimiento artístico neo indigenista que romperá con el
anquilosado perturbante y tedioso
encasillamiento de la pintura en nuestros medios, así la prominente obra del grande Ñañake está dotada de profundidad y totalidad, es decir, obras
que son como restallantes apariciones como encantos como epifanías, porque Ñañake es el mensajero
telúrico de esta corriente marcadamente hilozoista, aquel que siente que debe
ponerlo todo en esta concepción, su identidad
y su compromiso con todos los círculos de la vida en el plano y en
trance de toda su euforia , con el tiempo y con la historia, todo por este su
mundo, el de la resistencia cultural, el
que se eleva y el que no soporta ningún
tipo de sojuzgamiento, porque Ñañake recobra con su pintura, las crónicas de un
pueblo, las pasiones de su gente y el
lugar exacto de todos sus embrujos, porque todo artista debe vivir embrujado
sino no es artista, . Porque en esta dimensión la obra de Ñañake es una de las
más significativas y ostenta la magnífica propuesta artística más lúcida , que
le da validez a esta obra del maestro Ñañake , que viene a ser un arte que se
tiende a vivir en el gozo extremo , es decir,
el de estos tiempos deslumbrantes de su trabajo creador,, que son los
más fecundos y los más célebres,, porque la pintura de Ñañake es una trinchera que palpita en la etnicidad
resistente, por esa conexión que tiene su obra con la tierra y con la llamarada
de la historia, aquella pintura que nos
redime ,porque el arte de Ñañake obedece al ideal estético de un pintor que ha
hecho de su obra un altar a todas las piedras angulares de las filosofías
formativas de nuestra peruanidad y
también a toda nuestra etnicidad que se alza como un templo entre estas
ensoñadoras latitudes.
Lelis Benjamín Rebolledo Herrera
Poetik filósofo y amauta
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